El arte de ser uno mismo

ALBERT RIVERA - MARIO CONDE

Hay  frases demoledoras que desnudan a una persona, y una de ellas la pronunció el periodista Luis del Olmo cuando le preguntaron sobre Mario Conde, al que conocio de cerca en los tiempos en que el banquero estaba en el cénit de su ascensión a los cielos, y por lo tanto antes de que entrase en la cárcel por primera vez:

“Mario Conde – dijo Luis – tenía caspa debajo de la gomina, y por eso nunca me cayó bien, ni me fie de él”.

Una frase como esa debería estar en el prólogo de todos los libros de psicología porque a la gente se la conoce por la mirada, se la intuye por sus andares, se la cala por su voz y hay que desconfiar de ella si tiene caspa debajo de la gomina.

Por eso, los jóvenes que desconocían este truco para identificar al personal, lo tenían como modelo, convencidos de que si conseguian ser el número uno de su promoción en las oposiciones a abogado del estado, llegarían a banqueros y serían muy ricos.DIEGO ARMARIO

Yo no creo en los modelos, porque cada uno de nosotros tiene que elegir su propio destino, y no hay empeño más absurdo que el de intentar parecerse a otro y acabar siendo su clon, que es lo que les sucede a los ejecutivos de las multinacionales, que se visten igual , hablan un lenguaje absurdo que solo entienden ellos, van a veranear a los mismos sitios y final sus conversaciones tienen que ver con la cantidad del bonus que van a cobrar por cumplir los objetivos de ventas que les han marcado sus empresas.

Con los nervios que pasan no me extraña que más de uno tengo caspa debajo de la gomina.

Nunca he entendido a los que no saben disfrutar de lo que tienen y dedican el tiempo, en el que podrían ser algo felices, a cavar el hoyo de sus desgracias futuras porque siempre desean más y todo les parece poco.

Yo a veces voy a comer lentejas, a diez euros el menú, con gente que tiene su pensamiento en otros asuntos que no les rentan, pero les aseguro que les compensa porque su patrimonio no corre el riesgo de devaluarse.

Son ciudadanos que guardan su capital en su cabeza y no permiten que nadie les robe sus convicciones que se empecinan en mantener, aunque solo sea por darse el gusto de ser ellos mismos.

Imagino que ellos lo saben, o al menos lo intuyen, pero les garantizo que son más ricos que Mario Conde y los miles de ejecutivos agresivos que viven para ganar cada día más dinero, a costa de soportar a jefes insoportables.

Ellos – ¿verdad Luis? – ni siquiera cuando se suben a un escenario para representar un personaje, dejar de ser quienes son, porque le dan  su sello personal y, si llega el caso, los transforman en otro, porque jamás se repiten ni aceptan ser un clon de nadie.

Ninguno de ellos lleva gomina ni tiene caspa.

DIEGO ARMARIO

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