Cultivos orgánicos vs químicos: respetando el proceso de la naturaleza

 

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Cuando un cultivo es orgánico significa que creció sin la utilización de productos sintéticos. En su lugar, los productores orgánicos confían en métodos naturales de control de plagas y de la maleza, enriquecen el suelo con sustancias orgánicas y preservan el medio ambiente.

En definitiva, los productos resultantes de este proceso son de alta calidad, libres de pesticidas y otros residuos químicos, saludables para su consumo y además muy sabrosos. El cultivo orgánico no rompe el ciclo de la naturaleza, sino que lo acompaña en su propio desarrollo

Por el contrario, los cultivos fertilizados con químicos o con tratamientos para “maquillar” su presentación al consumidor, rompen con la cadena natural del desarrollo, además contaminan el medio ambiente y hacen daño a nuestra la salud.

Contra natura: monocultivo, químicos y transgénicos

SOS: Glifosato en todas partes, ¡incluso en nuestro organismo!

Hay varios ejemplos de por qué es antinatural el modelo productivo actual.

Monocultivo: A medida que avanzan las plantaciones de soja en Argentina, se hace evidente la disminución de la diversificación productiva. El uso exponencial de plantaciones de soja no permite la rotación de cultivos y la reposición del suelo,  entonces este se deteriora.

La agricultura tradicional justamente plantea lo contrario: alternar plantas de diversas familias y con distintas necesidades nutritivas, en un mismo lugar durante distintos ciclos, evitando que el suelo se agote y que se perpetúen las enfermedades.

Preparación del suelo con alto contenido de fertilizarte N. P. K.: es un fertilizante que contiene nitrógeno (N), fósforo (P) y potasio (K). Aunque se lo venda como saludable, se trata de un químico de síntesis, no es natural y a la larga trae consecuencias desfavorables: rompe el ciclo natural de los cultivos, generando especies invasoras que impiden el proceso de crecimiento de los mismos y cambia su metabolismo, volviéndolos así más vulnerables al ataque de plagas y enfermedades.

Utilización de pesticidas: Estos se utilizan para eliminar las plagas (que aparecen por el desequilibrio de la flora) en muchos casos debido al monocultivo. Se comprobó que estos productos son contaminantes e incluso el glifosato (principio activo del herbicida Roundup de Monsanto) fue considerado como probable cancerígeno por la OMS (Organización Mundial de la Salud). Este modelo tan dependiente de pesticidas hace que cada vez se necesiten químicos más potentes para preservar las cosechas “transgénicas” y que a su vez se inventen más eventos transgénicos para hacerlos más resistentes a estos químicos; un círculo vicioso.

Siembra con semillas transgénicas: la modificación de un gen en la semilla ¿es natural? Según sus defensores, los transgénicos tienen como fin aumentar el rendimiento de cultivos, ayudar a resolver el problema del hambre y mejorar la rentabilidad. Sin embargo, hay estudios que demuestran que los transgénicos no rinden más que los cultivos naturales y además contaminan el medio ambiente debido a la cantidad de agroquímicos que necesitan y que vienen inseparables en el “paquete”.

Feedlot: este sistema, también llamado engorde a corral, mantiene a los bovinos hacinados en pequeños corrales donde son alimentados exclusivamente con raciones balanceadas, granos y/o forrajes conservados, muy malos para su salud y para la de los que los consumimos. Esto surgió por el desplazamiento del ganado por la ampliación de la frontera agrícola. Nuevamente… ¿Es natural?

Almacenamiento de las verduras en cámaras de refrigeración: al mantenerlas allí, las frutas y hortalizas pierden sus propiedades nutricionales (vitaminas, proteínas, etc.) que son las que permiten que funcione bien nuestro organismo.

Abrillantamiento de las cáscaras de los cítricos: a través de detergentes, algunos productores le dan brillo a las cáscaras para aumentar su color y valor comercial. No todo lo que reluce es oro, dice el refrán.

Cosecha de productos fuera de época: los productos de estación proveen aportes nutricionales que no brindan los que se cosechan fuera de temporada, práctica muy utilizada en los últimos años.

Frutos con excesivo tamaño y color, pero poco sabor: las mandarinas por ejemplo parecen anaranjadas fosforescentes y son muy grandes, pero cuando les quitamos la cáscara, quedan chicas y arrugadas. Ni hablar del sabor, cada gajo es seco como polietileno expandido. Con las demás frutas sucede algo similar.

Volver a lo natural: cultivos orgánicos

Para cosechar los más sanos y exquisitos cultivos orgánicos, la preparación del suelo no es con químicos sino con materiales orgánicos de tipo vegetal o animal. Por ejemplo: humus de lombriz, turba, mantillo, harina de huesos, abonos verdes, cenizas de pastos, tierra de hojas y compost vegetal, entre otros.

Frutilla biofertilizada con Worms Bio. (Foto: Worms Argentina)

Asimismo los cultivos se asocian para beneficiarse mutuamente y se respeta la biodiversidad del ecosistema. Por ejemplo, la asociación de hortalizas con florales como las caléndulas atraerá insectos y aves que producen el proceso de polinización.

Del mismo modo la utilización de plantas medicinales o aromáticas (lavanda, romero, malva, ruda, estragón, comino, albahaca, etc.), las cuales quedan a elección del productor, favorece la dispersión de insectos que pueden ser dañinos para nuestros cultivos.

La alternativa orgánica es la propuesta ideal para comenzar a revertir la situación del monocultivo y la “sojización”. Pero, lamentablemente no resulta nada fácil introducir masivamente estos productos bajo el actual esquema productivo.

“Hay productores, aún pequeños, influenciados por Monsanto y sus muchachos, que terminan actuando como los chicos con los teléfonos celulares donde todos los días hay que comprar uno nuevo. Sale uno nuevo y hay que comprarlo… “

El director de Federación Agraria Argentina (FAA), Juan Carlos Herrero planteó que  la situación del sector agropecuario es compleja, y que para poder revertirla hay que tomar conciencia y decir “basta” a la enorme dependencia.

“Hay productores, aún pequeños, influenciados por Monsanto y sus muchachos, que terminan actuando como los chicos con los teléfonos celulares donde todos los días hay que comprar uno nuevo. Sale uno nuevo y hay que comprarlo… Algo así está pasando”, reflexionó.

Desde nuestro lugar como consumidores también podemos cambiar el modelo consumiendo y eligiendo productos orgánicos, sanos y ricos en nutrientes. Somos nosotros quienes habitamos este planeta y los que debemos tomar conciencia en qué tipo de hogar queremos vivir.

Fuente: worms cultivos organicos

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