La destrucción de la clase media

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¿Saben cuál es el problema más grave que tenemos en España?

La verdad es que, como parece que nos ha mirado un tuerto, la respuesta tal vez no sea tan sencilla porque la lista de dificultades que nos quitan el sueño es grande e incluye el paro,  la crisis económica, el separatismo, la corrupción, la intolerancia y la incapacidad para tener una convivencia razonable entre la derecha y la izquierda española, pero todo esto,  con ser grave, posiblemente no sea lo peor.

Con todas esas maldiciones llevamos conviviendo desde hace siglos y al final la historia acredita que somos más fuertes como país que los que se empeñan en destruirlo y empobrecerlo. Sin embargo  hoy sí nos enfrentamos a un problema muy grave y sin precedentes: la clase media española se está destruyendo.

La clase media es la fortaleza de un país, la que conforma la masa crítica, la que emprende y crea riqueza, la que lee y escribe, la que debate y crea opinión, la que defiende las tradiciones y se siente fuerte frente a los gobernantes incompetentes, la que invierte en cultura y en educación, la que planta cara a los excesos del poder,  la que tiene criterio propio y no se deja embaucar por los charlatanes.

Una clase media fuerte es imbatible  porque resiste con argumentos y  convicción la epidemia de estupidez de sus dirigentes políticos, y ésa es la razón por la que los populismos no hablan de los ciudadanos sino del pueblo,  al que dicen que van a defender manteniéndole en la subvención, para que sea dependiente de sus benefactores.

Los países que no tienen clase media son más débiles porque están en manos de poderosos paternalistas que no creen en el valor de las personas  a las que utilizan, manipulan y les restan parcelas de libertad.  Los populistas necesitan a una población pobre e inculta y por eso trabajan para convertir en dependientes a un pueblo agradecido de las migajas que  prometen darles.

Hemos asumido como normal lo que debería ser un paréntesis excepcional. El empobrecimiento económico y cultural se está convirtiendo en endémico, y quienes proclaman que quieren dar un salario básico a cualquier hombre o mujer que no trabaje, aunque tenga condiciones físicas e intelectuales para hacerlo, lo harían empobreciendo aún más a la clase media, que es la única a la que Hacienda puede controlar, sin esfuerzo.

Los hombres y mujeres no somos el pueblo, somos los ciudadanos, y tenemos que cuidarnos  de quienes nos quieren roban el dinero, pero aún más de quienes quieren robarnos la libertad y la dignidad.

Fuente: DIEGO ARMARIO

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