Chalanes y mercachifles

 

CHALANES Y MERCACHIFLES

 

“Un candidato fallido cuya trayectoria como tal es absolutamente esperpéntica y expresión sin mácula de un auténtico “show” seudopolítico, inaugurado la misma noche electoral atribuyendo el carácter de histórico al mayor fracaso electoral de su partido”

“La búsqueda desesperada para conseguir un nuevo encargo de investidura le ha llevado a pedir una recomendación, como un mal estudiante, para que Tsipras medie ante Iglesias y consiga que Podemos lo haga presidente”

“En vez de dialogar con altura de miras, Pedro Sánchez ha chalaneado a varias bandas, de forma marrullera, intentando engatusar a todos los necesarios para que lo hagan presidente, olvidando que con los principios no se negocia”

Haciendo gala de su trayectoria sectaria y de su ingratitud, el presidente del Congreso de los Diputados Patxi López pretende instrumentalizar la institución en beneficio de su candidato, el ambicioso Sánchez, para que éste siga haciendo campaña aunque sea a costa del órgano representante de la soberanía nacional.

Según todos los indicios, el próximo día 6 de abril, apoyándose en el resto de grupos representados en la Mesa del Congreso, excepto el popular, planteará un “conflicto de atribuciones” ante el Tribunal Constitucional para intentar que un gobierno en funciones como el actual, cuyo mandato político está caducado, se someta al control parlamentario de unas Cortes de las que no emanan sus poderes. Es la ley del embudo, de tal forma que lo estrecho se deje para un ejecutivo que no puede adoptar medidas políticas, ni tomar iniciativas legislativas porque, al estar en funciones, su única facultad es la administración ordinaria de la intendencia.

Cuando desde los diecinueve años se ha vivido de y para la política de partido no es de extrañar que ocurran estas cosas, máxime en un personaje que accedió a la “lendakaritza” vasca gracias al apoyo desinteresado de quienes nunca fueron correspondidos con un mínimo reconocimiento, y a quienes hoy quiere poner contra las cuerdas en la cámara de diputados, con el único objetivo de intentar una segunda oportunidad para su protegido Sánchez o, en el peor de los casos, hacer de la misma una plataforma propagandística y de campaña electoral para aislar a sus adversarios políticos, los populares, a quienes tachará de insumisos.

No estaría de más, para el beneficio de la sociedad cuyos intereses generales gestionan, que estos profesionales de la política partidista, como es el caso de López, se vieran obligados a reintegrarse a su actividad previa, porque así el susodicho podría terminar sus estudios de ingeniería industrial abandonados casi antes de empezarlos.

Pero el meollo de la cuestión radica en la incapacidad de su protegido, el candidato Sánchez, para encontrar apoyos a su segunda intentona de investidura. Un candidato fallido cuya trayectoria como tal es absolutamente esperpéntica y expresión sin mácula de un auténtico “show” seudopolítico, inaugurado la misma noche electoral atribuyendo el carácter de histórico al mayor fracaso electoral de su partido. Lo acontecido a partir de tamaño dislate es de sobra conocido.

Puede resumirse así su trayectoria: la negativa en La Moncloa a compartir ni siquiera el café con Rajoy; el compromiso ante el Rey de intentar la investidura sin tener garantizado ningún apoyo, salvo los 90 de su partido; la reiterada negativa a pactar con Podemos, a quien pide por contra su apoyo desinteresado; la truculenta trampa al comité federal de su partido, apelando a la militancia; las ofertas de nuevo estatuto a los secesionistas catalanes para burlar el obstáculo del referéndum de autodeterminación; el regalo de dos grupos parlamentarios a los senadores separatistas catalanes; la firma de doscientos acuerdos con lo que llamaba la derecha encubierta, pidiendo la adhesión a los demás para encumbrarlo; la consulta a las bases para ratificar no el acuerdo sino lo que él quiera acordar; reuniones continuas con el mundo mundial, sindicatos, oenegés, empresarios, verdes, morados y negros; paseíllos y firmas rimbombantes en el Congreso de los diputados; fracaso estrepitoso de su investidura; acuerdo de permanencia del pacto con Ciudadanos, que negociarán juntos, convertido en pacto de coalición; visita al presidente sedicioso de la Generalitat; respaldo al hoy dimitido secretario del PSOE gallego; propuesta de “gobierno del cambio” reuniéndose con Podemos, Compromis e Izquierda Unida sin Ciudadanos. Y así hasta el último dislate.

Porque la búsqueda desesperada para conseguir un nuevo encargo de investidura le ha llevado a pedir una recomendación, como un mal estudiante, para que Tsipras medie ante Iglesias y consiga que Podemos lo haga presidente. Es el último ejemplo del patetismo pintoresco y esperpéntico de este personaje, cuyo nivel político está quedando a la altura del betún. Porque lo peor del mismo no es su enorme incultura política, su falta de cintura y su incapacidad para el diálogo. Lo peor es su actitud chulesca, su afán de notoriedad y la petulancia de sus formas.

Su acercamiento a Pablo Iglesias implica, por una parte, una batalla de egos cuyo objetivo no es la mejora de la situación del país sino determinar quién de ellos se lleva la mejor tajada. O como diría el clásico, “a ver quién de los dos mea más lejos”. Y de otra parte, la deriva hacia el populismo, con Ciudadanos de convidado de piedra, supone para el ambicioso Sánchez pasar del modelo portugués al modelo griego. Es decir, de “guatemala” a “guatepeor”, para mayor satisfacción de sus ambiciones.

Con arreglo al artículo 99.4 de la Constitución, no hay en este momento ningún candidato a la investidura, al haber fracasado Sánchez. Ello no obstante persiste el socialista en su afán protagonista, encubriendo su rotundo revés, de forma que, lo que empezó siendo un teatro se ha convertido en un vodevil arrevistado donde este ególatra, vanidoso y narcisista, aparte de querer echar a Rajoy, ha sido incapaz de dar una sola idea para mejorar la situación social y económica del país.

En vez de dialogar con altura de miras, Pedro Sánchez ha chalaneado a varias bandas, de forma marrullera, intentando engatusar a todos los necesarios para que lo hagan presidente, olvidando que con los principios no se negocia. Además, parece que no le basta con que lo hagan presidente; es que quiere, al parecer, que les paguen los gastos de la ceremonia. Porque un galán como él lo merece todo. Por su cara bonita.

Cuando un negociador, un chalán, un comercial, especula demasiado y puede convertirse en un mercachifle. Los mercachifles son negociadores de poca monta, excesivamente interesados en sacar provecho de sus actividades. Seguramente se refería a ellos Rajoy cuando no encontró calificativo sobre la petición de Sánchez a Tsipras para que mediara ante Iglesias, limitándose a decir que había que darle un cierto nivel a la política.

Fuente: LUIS MARIN SICILIA

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