La dilatada y ajetreada historia del castillo de Utrera desde el siglo XIII

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En los últimos años, Utrera ha venido redescubriendo uno de sus monumentos más importantes. Una de las edificaciones más antiguas de las que se conservan en la localidad está claramente volviendo a la vida, emergiendo entre las diferentes edificaciones que lo tenían completamente asfixiado. Muchas poblaciones españolas darían cualquier cosa por tener un castillo, por lo que el caso de Utrera era realmente paradójico: había una fortaleza imponente, muy valiosa desde el punto de vista histórico, pero tanto su muralla como su significativa torre del homenaje estaban en un lamentable estado de conservación.

Primero fue la torre del homenaje la que fue sometida a un completo lavado de cara, incluso con la instalación de un magnífico mirador. Después llegaba el turno a las murallas y a los terrenos colindantes, que están experimentando una completa reestructuración, lo que está ofreciendo al pueblo de Utrera una nueva visión del castillo.

Podemos comenzar dando un paseo por la propia fortaleza. El recinto es de planta bastante regular, forma un rectángulo casi perfecto, rematado con una torre en cada esquina y otras intermedias en los lienzos noroeste y suroeste. Las características del castillo denotan una impronta islámica que bien pudiera ser almohade, aunque muy reformada posteriormente. No hay que olvidar que, con la toma de Sevilla, Utrera se convierte en un lugar estratégico dentro del sistema fronterizo, motivando que el Concejo de Sevilla hiciera un reforzamiento del edificio con piedras y ladrillos.

La historia del castillo es amplia y resulta muy interesante. La primera noticia escrita nos la proporciona el Libro del Repartimiento de Sevilla y su tierra, de 1253, donde es nombrada Utrera como una cortijada árabe con torre de protección.

Según la crónica de Alfonso XI, era costumbre que Utrera fuese el lugar de reunión de los ejércitos cristianos para entrar en tierras del Islam por esta parte de la frontera. Durante esta época, Utrera se vio rodeada por murallas y la fortaleza parece que se dotó de una fuerte cerca, que formaba delante de la torre, una amplia y despejada plaza de armas.

En 1368 sufre las consecuencias de la destrucción llevada a cabo, tras la invasión de la villa, por Mohamed V de Granada. En 1478 los Reyes Católicos piden a Fernán Arias de Saavedra que entregase a Sevilla el castillo de Utrera, a lo que se niega el noble aduciendo que posee la fortaleza por donación real. Es entonces cuando los ejércitos reales cercan el castillo para recuperarlo, consiguiéndolo tras un largo sitio.

Desde este momento comienza el declinar del edificio, que entra en el más puro abandono a partir de 1743, cuando Utrera sale de la jurisdicción de Sevilla, convirtiéndose con Felipe V en plaza de realengo. No obstante, el Ayuntamiento hispalense, como hizo con otros castillos que habían pertenecido al antiguo Reino de Sevilla, conservó la propiedad y la facultad de designar alcaide que velase por la conservación del edificio, aunque el cargo perdió su carácter práctico, debido a la falta de asignación presupuestaria, con lo que se convirtió en un nombramiento honorífico. Una curiosidad que llega hasta el día de hoy, cuando el castillo de Utrera sigue dependiendo en teoría al propio Ayuntamiento de Sevilla.

En 1810, Utrera cae en poder de los franceses, el 10 de febrero. Con este motivo, la población tuvo que pagar altísimas contribuciones. Los utreranos debieron protestar por estos abusos y fue entonces cuando los franceses, como represalia, cañonearon el castillo desde la huerta de la Zorra  (Vía Marciala), haciendo en él grandes destrozos.

Con todos estos avatares históricos llegamos hasta la última reestructuración que está experimentando el castillo, que debe ser la última y la definitiva para que el monumento pase a ser un completo patrimonio del pueblo. Un lugar de disfrute para todos los ciudadanos, que sirva para estudiar la historia de Utrera ya que, si sus muros hablaran, podrían contarnos muchas cosas de las que han ocurrido en los últimos siglos por estas tierras. Sus paredes han sido bombardeadas y acosadas en diversas ocasiones, milagrosamente siguen en pie, por lo que nuestra labor pasa por conservar el castillo de la mejor manera posible, para que las futuras generaciones puedan seguir aprendiendo de él.

Fuente: UTRERADIGITAL

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