Exégetas de la señorita Pepis

 

 

“Si no gano las elecciones, para mí será un fracaso”

“A nadie debería escapar que la ciudadanía ha exigido alianzas. Si alguien se aparta del rumbo marcado por los soberanos dejará claro que su único afán es la inestabilidad”

“¡Mira que si Marín, el del flequillo inquietante, recibe una llamada de Barcelona para que dirija sus pasos a la calle San Fernando en busca de un “arreglillo”…!”

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Que las elecciones del pasado día 20 han traído un nuevo escenario político a España, no escapa a nadie; que, con la legítima excepción de los abstencionistas, la decisión del pueblo soberano quedó expresada en las urnas, tampoco. Cosa bien distinta es la interpretación, el análisis que cada cual hace del resultado electoral. Y en esas estamos.

Desde el partido ganador, como ha venido siendo tradición, se alega el triunfo como principal baza para conformar gobierno. Ciudadanos, como cuarta fuerza política en su primera aparición en la Carrera de San Jerónimo, sostiene los mismos postulados. Esta opción encarna al 31 % de los votantes, idéntico porcentaje al que obtienen los medallas de plata y bronce, PSOE y Podemos -si bien con planteamientos y posturas alejadas, antagónicas, irreconciliables, tanto en campaña electoral como después de las elecciones-, que difícilmente pueden adquirir un compromiso serio, fiable y cumplible.

O eso al menos parecía hasta que Pdr Snchz “olió sangre”, relegó su “si no gano las elecciones, para mí será un fracaso” y, como a un “ZP de la vida”, se le erizaron los pelos cuando en su cabeza resonaron las palabras que el leonés dirigió a su esposa, ya en el lecho, en su primera nochemonclovita: “¿te das cuenta, Sonsoles, que ‘cualquiera’ puede ser presidente del gobierno?”.

Ambos bloques conforman solo dos patas de una mesa que precisa de una tercera para que, siquiera inestablemente, pueda permanecer un tiempo prudencial en equilibrio. El primero ve con buenos ojos un gran pacto de legislatura “a la alemana” (PP-PSOE con la inclusión de Ciudadanos), a base de cesiones mutuas y acuerdos en lo principal, lo que consolidaría el escenario para los próximos cuatro años y con él la recuperación económica y el empleo. Sin embargo, esta opción, que pudiera concebirse como el asentamiento definitivo de la democracia, desde ayer, ya puede descartarse. En la España del XXI, otra vez frentista, más próxima a la idea de vencer que a la de convencer,  sigue sin entenderse ese ruin “cordón sanitario” que -alejándose de los hieráticos compromisos del 78- el PSOE actual, rehén de discursos zapaterinos, sigue tejiendo, anteponiendo de nuevo los intereses particulares a los generales de España e, incluso, a los europeos e internacionales que continúan mirando nuestras decisiones con el lógico desasosiego.

Está claro que los españoles han votado cambio. Si no fuera así, hoy los 186 escaños populares de la pasada legislatura no se hubieran reducido a 123, ni los 110 del PSOE a 89, ni hubiesen irrumpido con fuerza 109 representantes de nuevos partidos. Cosa bien distinta es desentrañar qué cambio es el propuesto por los electores: ¿de partidos, de políticas, de pactos…?

Parece evidente que de lo primero no: el anunciado fin del bipartidismo (60,5 % de escaños) habrá que dejarlo para mejor ocasión y todo apunta a que las nuevas políticas llegarán de la mano de los ineludibles acuerdos, o no llegarán nunca.

A nadie debería escapar que la ciudadanía ha exigido alianzas: “¡pacten, interaccionen, negocien, acuerden políticas de consolidación, de consenso en materia de independencia judicial, de libertad y mejora de la Educación, de medidas anticrisis y sociales; mejoren propuestas, aparten diferencias, salven la situación de inestabilidad, piensen en los ciudadanos, olvídense de intereses particulares, practiquen el arte de la Gran Política, la que resuelve los problemas de los ciudadanos, releguen la demagogia que solo sirve para acrecentarlos…!”. Si alguien se aparta del rumbo marcado por los soberanos dejará claro que su único afán es la inestabilidad.

Ciudadanos ha sido el primero en captar el mensaje, también el Partido Popular que ya lo intentó, incluso, en las pasadas Municipales, cuando pretendió entregar, sin exigir nada a cambio y sin éxito, el bastón de mando de Madrid al candidato socialista. El gran problema del PSOE actual radica en su insistencia en volver la vista atrás, como ha tenido ocasión de señalar sin nombrarlo el Jefe del Estado en su sonado mensaje de Navidad, y como partido histórico en sus distintos y contrarios pregones según el momento o el lugar: de “OTAN de entrada no”, a proatlantista; de combatiente extremo de ETA, incluso desde las alcantarillas, al Faisán de la vergüenza; de nacionalista en Cataluña y Valencia, a españolista en Andalucía, Extremadura o Castilla La Mancha; de socialdemócrata en campaña, a bolchevique a la hora de los pactos; de antichavista en boca de sus dirigentes históricos, a probolivariano si hiciera falta… Todo por el poder.

Ayer se reunían los barones y varonas en Ferraz. Como fondo la política de pactos y en las esquinas opuestas del ring: a un lado, la grandeza de miras, el orgullo de partido centenario, las mentes preclaras y el enorgullecimiento de la socialdemocracia europea; y al otro, la mezquindad, el desesperado intento por enterrar definitivamente el partido del linotipista, las mentes ignotas y las serias advertencias, si no amenazas, de los socios europeos. El resultado – todo, indefectiblemente, puede pasar en esa casa- parecía incierto para quienes deliraban con un entendimiento, hasta que, definitivamente, los primeros, bravucones en las previas del combate, se taparon pronto los flancos y bajaron antes la guardia, lo que aprovecharon los segundos para ganar una pelea a los puntos sin muchos apuros, la verdad sea dicha.

La decisión final de estos exégetas de la señorita Pepis (que interpretan sin rubor la decisión de las urnas para pactar con Ciudadanos en Andalucía y con totalitarios y excluyentes en media docena de comunidades, amén de ayuntamientos) conllevará, para bien o para mal, una revisión de las alianzas a nivel autonómico y municipal y, con toda seguridad, a nuevas elecciones generales en breve.

Al menos los votantes ya saben a qué atenerse desde el silencio contemplativo de los llamados a la responsabilidad: a un PSOE alejado de la socialdemocracia preponderante en Europa y muy cercano a la ideología totalitaria y excluyente que representan los apóstoles del chavismo y sus acreditadas consecuencias.

¡Mira que si Marín, el del flequillo inquietante, recibe una llamada de Barcelona para que dirija sus pasos a la calle San Fernando en busca de un “arreglillo”…!

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