Bajo Guadalquivir falsificó facturas para justificar las subvenciones desviadas

 

Los gestores de la mancomunidad desviaban ayudas, al menos, desde 1994

Usaban fondos para empleo en pagar campos de fútbol o revistas cofrades

susanamaestre

 

La Mancomunidad de municipios del Bajo Guadalquivir desviaba subvenciones públicas para el empleo prácticamente desde que se creó. Al menos desde 1994, según la documentación a la que ha tenido acceso EL MUNDO, los responsables de la institución supramunicipal -integrada por nueve municipios de Sevilla y Cádizy disuelta en 2014- destinaban fondos teóricamente concedidos por administraciones como la Junta de Andalucía para el fomento del empleo a sufragar proyectos urbanísticos locales o a hacer favores a entidades particulares, tales como hermandades de Semana Santa.

Luego, esos mismos responsables camuflaban el desvío de las ayudas públicasfalseando las facturas para tratar de justificar que el dinero sí se había empleado en aquellos proyectos laborales para los que fue concedido.

El modus operandi consistía en solicitar subvenciones para talleres y escuelas de empleo en las convocatorias públicas de la Junta o el Gobierno central y, una vez que les eran concedidas, destinaban el dinero a fines a cual más dispar.

Según se desprende de los documentos de la contabilidad del Bajo Guadalquivir a los que ha tenido acceso este periódico, el dinero para empleo acabó financiado obras de campos de fútbol o revistas cofrades de algunas de las localidades integrantes de la mancomunidad.

Así, por ejemplo, Bajo Guadalquivir pagó en enero de 1994 a la empresa Agustín Bernal SL 610.630 pesetas, según consta en la factura, por el «acondicionamiento de campo de fútbol con subbase cribada, extendido, regado y compactado con medios mecánicos» en Sanlúcar de Barrameda. Ese dinero, en realidad, debería haber pagado actuaciones de formación para el empleo y, de hecho, su verdadero destino se ocultó con una segunda factura -con la misma numeración aunque de fecha posterior- en cuyo concepto ya no aparecía el campo de fútbol de Sanlúcar, sino el «el alquiler de compresor y andamiajes para el curso de pintura de edificios».

La cuantía es exactamente la misma, 610.630 pesetas.

Unos meses antes, la imprenta Grafitres, con sede en Utrera, facturó a la mancomunidad 325.000 pesetas por la impresión de mil unidades de «revistas de Semana Santa para la Hermandad de la Vera Cruz de Las Cabezas de San Juan», según rezaba el concepto. Con la misma fecha y el mismo número (47) hay otra factura con la que se habría camuflado ese gasto bajo el concepto de «boletines taller de emprendedores Programa Now».

Según relataron antiguos trabajadores de la mancomunidad, ésta era la práctica habitual, en la que la falsificación de facturas estaba al orden del día y existía unadoble contabilidad. La real y la ficticia, que se elaboraba expresamente para justificar las subvenciones públicas que continuamente recibía la mancomunidad para, teóricamente, poner en marcha distintas iniciativas destinadas a promover la formación para el empleo.

En 1994, año del que datan las facturas duplicadas en poder de este periódico, se encontraba al frente del Bajo Guadalquivir Antonio Torres, en aquellos momentos alcalde de Lebrija por el Partido Socialista. Junto a él, dirigían la mancomunidadTeodoro Garrido, como tesorero, y Alberto Romero, como interventor.

De la falsificación de facturas que se deduce de la documentación contable de la entidad serían ellos supuestamente responsables y, por lo tanto, presuntos autores de sendos delitos de fraude en subvenciones y falsedad documental.

Pero, en el caso de confirmase la existencia de estos delitos en una investigación como la que ya lleva a cabo la Guardia Civil de ayudas más recientes, esas responsabilidades habrían desaparecido al prescribir los delitos.

Fuente: EL MUNDO

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