Jerónimo Jiménez López «Jeromo»: «La gente dice que no llevo cinta, pero aseguro que yo siempre grabo»

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Desde hace más de tres décadas, una Semana Santa, feria, cruz de mayo, velada de Los Juanes o cualquier otro tipo de evento no es lo mismo sin la presencia de Jerónimo Jiménez con su cámara al hombro. Este simpático utrerano ha terminado por convertirse en un elemento imprescindible del paisaje de la ciudad, armado siempre con su cámara analógica, protegida con una funda casera única, y donde no pueden faltar las inconfundibles pegatinas de María Auxiliadora.

Una leyenda urbana recorre Utrera desde que «Jeromo» comenzó a surcar las calles con su cámara, que se ha convertido en el ojo vigilante que todo lo ve. Y es que, a través de muchos chascarrillos, numerosos utreranos aseguran que su cámara nunca tiene cinta, por lo que en realidad este hombre no está grabando. Esta leyenda se encarga de desmentirla rápidamente el camarógrafo utrerano, asegurando que «la gente dice que no llevo cinta, porque nunca ven lo que grabo y es que realmente en Utrera hay muy pocas personas que hayan visto mis cintas, pero os puedo asegurar que siempre grabo».

Resistiendo contra viento y marea la dirección propia de los tiempos, «Jeromo» sigue utilizando el sistema de VHS para sus grabaciones, asegurando que «cuando empecé costaba cada cinta 1.500 pesetas y ahora me las traen en los bazares orientales a 30 céntimos. Por eso y por lo que duran las baterías de estas cámaras, no pienso cambiarme nunca al DVD». Toda esta frenética actividad durante tantos años ha provocado que este utrerano disponga de un archivo de unas dimensiones mastodónticas que, según el propio protagonista, «ocupa una habitación entera de mi casa, e incluso tuve que echar a mi hermano de mi casa y obligarle a que se casara para hacer sitio», comenta entre risas. Un archivo que se ha convertido con el paso de los años en historia audiovisual de Utrera, y al que Jerónimo no sabe qué contestar cuando se le pregunta por el precio por el que lo vendería.

Durante muchos años de su vida ha trabajado en el sector textil, en fábricas como Massana, Germans o Candy, mientras que ahora dedica gran parte de su tiempo al cuidado de sus padres, que tienen más de 80 años de edad y se encuentran a su cargo. También destaca su labor dentro del colectivo de los campaneros, del que forma parte desde hace muchos años, habiendo subido muchas veces a las torres de Utrera portando su cámara de las formas más inverosímiles, para inmortalizar las maniobras imposibles realizadas por los campaneros. Fue sacristán de la iglesia de Santiago durante cinco años y se conoce de cabo a rabo todos los recovecos de este templo, ya que en numerosas ocasiones ha subido a los tejados para limpiarlos, donde asegura haber retirado en más de una ocasión casi 200 sacos repletos de excrementos de palomos.

Es una persona vinculada a numerosas hermandades utreranas, aunque destaca su estrecha relación con la del Silencio, donde ayuda en todo lo que puede, al encontrarse en el entorno en el que se ha movido desde que era un adolescente. Hizo sus pinitos como pinchadiscos en «El Duende» y ha trabajado en varias televisiones de Utrera como cámara, y bromea diciendo que lo despidieron «porque gastaba muchas cintas».

Lo que realmente muchos se preguntan es como nació la afición de este utrerano a registrar con su cámara todo lo que pasa en la localidad, a lo que responde con la naturalidad que le caracteriza que «comencé a salir a grabar para caminar por las calles y bajar la barriga, y al final esto de grabar se convirtió en un vicio»

Fuente: UTRERADIGITAL

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